Aburrirse como una ostra
Las ostras no se aburren. O, al menos, no existe estudio científico alguno que así lo confirme. Esta famosa expresión, que hace referencia al momento de máximo tedio que puede tener alguien, en realidad no habla del hastío de un molusco, sino de un castigo que se imponía en tiempos de la antigua Grecia que era conocido como ostracismo y que consistía en ser desterrado de una población por un periodo concreto de tiempo. El término procede del griego ostrakon, que era un tipo de concha de cerámica donde se escribía el nombre de la persona que debía ser desterrada. Se supone que era común que el ostracista acabará aburriéndose debido a la soledad a la que estaba obligado a vivir. Con el tiempo, el término referido a ese castigo acabó en el apócope «ostra».


Comentarios
Publicar un comentario